jueves 21 de julio de 2005

Secreto profesional y ética periodística, a 31 años del Watergate

0
Conferencia de James L. Rowe, De The Washington Post

Invitado por el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), James L. Rowe, editor de la edición dominical de The Washington Post, brindó el último 21 de julio una conferencia para 60 periodistas en Buenos Aires.

Fue el anticipo de un seminario que dictó una semana más tarde en Posadas, Misiones, hecho casi inédito para los colegas de la provincia.

Bajo el título “Secreto profesional y ética periodística, a 31 años del Watergate”, James L. Rowe* atravesó dos temas que inquietan no sólo al periodismo norteamericano sino que es centro de debate entre los profesionales argentinos: la ética y el secreto de fuentes. Expuso entonces los parámetros que rigen la práctica profesional de The Washington Post y brindó detalles de la revelación de la identidad de “Garganta Profunda”.

A continuación, publicamos una síntesis de lo expuesto por el periodista en la presentación que tuvo lugar en la Graduate School of Business de la Universidad de Palermo. Al final, reproducimos el mensaje que Rowe quiso enviar a todos los colegas en la Argentina.

Buenos Aires, 21 de julio de 2005

A modo de introducción diré, sobre los lineamientos éticos, que la principal guía de un periodista es trabajar recordando todos los días que lo que hacemos lo hacemos por los lectores. Tenemos otras responsabilidades, como con nuestras fuentes, pero nuestros lectores son nuestra principal referencia.

Cuando hablamos de código de ética lo que buscamos es la mejor forma de practicar el periodismo. Uno de los puntos más controvertidos de este trabajo es el manejo de la confidencialidad de las fuentes. Debemos ser claros en cuanto a cuándo dar confidencialidad a la fuente, darle anonimato, cómo presentar la información que nos dan, como presentarlas a ellas. El lector debe poder evaluar el por qué de la confidencialidad, si la fuente tiene una razón legítima para pedir anonimato, y si nosotros tenemos una razón legítima para otorgárselo. Y la mejor razón para darlo es que la información que nos da nos ayude a entender mejor el tema que estamos abordando. Lamentablemente, en los Estados Unidos se ha comenzado a utilizar este instrumento con cada vez mayor trivialidad.

The Washington Post siempre tuvo reglas escritas en cuanto a ética y estilo. Sin embargo, frecuentemente no se las tenía en cuenta. En los últimos años hubo en Estados Unidos una serie de casos importantes sobre el uso de fuentes. Uno de ellos terminó por estos días con la prisión de la periodista Judith Miller, en la cárcel de Alexandria, Virginia. En el otro, fuentes oficiales habían dicho que un científico nuclear había revelado secretos nucleares, y este profesional demandó al gobierno por lo que consideró una difamación. Como los funcionarios que lo acusaron dijeron tener información de parte de periodistas, el científico pidió se revelara la identidad de esos reporteros (del New York Times y AP).

En cuanto al caso de Garganta Profunda, adelantaré que se trata de la fuente confidencial más importante de la historia del periodismo. Y quiero salvar un error bastante frecuente: The Washington Post no provocó la renuncia de Nixon, sino que lo hizo el sistema legal y político de los Estados Unidos. Debo admitir, sin embargo, que si el Washington Post no hubiera seguido la noticia, publicando la investigación, la administración Nixon se habría salvado.

Código de ética del Washington Post

El diario redactó un código nuevo en 2004. No había muchas novedades pero el Director Ejecutivo del diario pensó que sería importante reunir todas las reglas en un nuevo y único documento.

En síntesis, lo central de ese documento indica que el Washington Post es una institución que busca la mayor transparencia en cuanto a las fuentes de sus historias para que los lectores puedan evaluar el artículo y el trabajo del diario.

Esto se cumple a través de tres principios:

  • Decir la verdad
  • Realizar un trabajo periodístico transparente
  • Siempre corregir los errores

El código tiene 7 áreas fundamentales:

  • Uso de fuentes confidenciales
  • Cómo tratar a la fuente
  • Cómo se ponen las citas
  • Cómo se adjudican las citas
  • Bajo qué condiciones hablar con la fuente
  • Cómo fechar las notas (lugar del hecho)
  • Correcciones

En cuanto al fechado de las notas (indicación de día y lugar del reporte), un caso reciente y notable es el de Jason Blair, del NYT. Este señor fabricó sus historias, citó declaraciones de personas que jamás entrevistó. Lo más perturbador de esto fue que esas personas sabían que jamás los había entrevistado pero nunca lo denunciaron. Cuando les preguntaron por qué, respondieron que creían que nadie les haría caso. Claramente, una muy mala señal sobre el nivel de confianza que la gente tiene en los periodistas.

Entre las reglas generales, voy a señalar las siguientes:

·Ser reticentes a aceptar pedidos de anonimato de la fuente. Un periodista debe preguntarse siempre: ¿hay en eso algún beneficio para el lector? ¿Qué beneficio nos puede otorgar esa fuente? ¿Vale la pena el costo que paga el diario en su credibilidad?

·Si no se logra que la fuente acepte ser identificada, buscar la misma información de boca de una fuente que lo acepte.

·Si esto tampoco se puede, el periodista debe revelar la identidad de su fuente a por lo menos un editor del diario, y la decisión sobra dar o no anonimato se toma entre el periodista y ese editor (así se hizo en el caso de GP).

·Una vez decidido que se dará anonimato, identificar lo mejor posible a la fuente. No digamos “una fuente del gobierno” si podemos decir “una fuente del ministerio de defensa” o “de la secretaría tal y cual”. No se dice “una fuente del Congreso” cuando se puede decir “un asesor del partido demócrata de la comisión tal y cual”.

·Cuando estás tratando con una fuente que no puedes identificar, es obligación recurrir por lo menos a dos fuentes, independientes una de otra. Es diferente cuando hay papeles o documentos, cuando uno puede corroborar que son papeles auténticos. No como Dan Rather, presentador de noticias que utilizó papeles falsos de la conscripción de Bush. Pero aun en el caso de no contar con papeles, contar con dos fuentes tampoco es perfecto. Así lo probó NYT en el caso de las armas de destrucción masiva en Irak. Dijo en tapa que habían usado dos fuentes, un funcionario del gobierno y un disidente iraquí. El problema fue que se trataba del mismo, pues el disidente (un tal Chalabi) había sido la fuente del funcionario del gobierno citado, y no lo sabían. Estaban usando una fuente cuando creían que eran dos.

·Finalmente, siempre hay que explicarle al lector por qué no identificamos a una fuente. Que esa persona haya pedido anonimato, no es razón suficiente. Hay que explicar, por ejemplo, que ocupa tal cargo y que el gobierno no permite a sus funcionarios hablar con los medios.

·Si son dos fuentes que dicen exactamente lo mismo, probablemente sea lo mismo que contar con una sola fuente. En el caso de la administración Bush, tal vez tengamos dos fuentes del gobierno, pero si una es del Departamento de Estado y otra del de Defensa, seguramente estarán en descuerdo, así que ahí estaríamos con la regla de las dos fuentes.

·Cómo tratamos con los voceros. La regla general para gobiernos o empresas es que siempre es on the record. Pueden ser citados por nombre y apellido cuando están dando una conferencia o cuando ellos son los que nos llaman por teléfono. Cuando nosotros los llamamos entonces ponemos en marcha los códigos para evaluar si amerita o no dar anonimato.

·Cuando una fuente intenta convencernos de publicar algo pero no quiere ser identificado, tenemos que pedirles que nos dé un motivo razonable para esconder su identidad. Si vos me llamás, mas vale que tengas un buen motivo para pedir anonimato. Tenemos que compartir con los lectores cualquier interés directo que esa fuente puede tener para que esa historia sea publicada. Si el secretario del Tesoro quiere convencernos de algo bueno de su jefe o malo de otro que está peleado con su jefe tenemos que tener cuidado, porque ahora las fuentes son muy vivas, saben tentarnos. No podemos permitir que nos engañen. El caso de la revelación de la identidad de la agente secreta de la CIA, parece indicar, veremos si se logra confirmar con la información, que se hizo para afectar la imagen del científico por haber divulgado un informe sobre las armas en Irak que desfavorecía los intereses de Bush.

·Tenemos que dar a la fuente el tiempo necesario, aunque los tiempos de cierre nos apuren.

·Jamás prometer a la fuente que no iremos más allá en la investigación. Como cuando una fuente te dice “te doy tal información si no vas a preguntar a nadie más”. No acepten eso.

·Cuando están utilizando fuentes anónimas siempre digan la verdad al atribuir la fuente. No es aceptable que, para protegerla, se ponga en un párrafo la información de la fuente anónima y en otro decir que tal persona con nombre y apellido dijo al diario que no haría comentarios: eso sería mentir. Tomemos un ejemplo sobre GP. Hace unos años hubo un fuerte intento por identificarlo. Si el periodista hubiera querido quitar la atención de Mark Felt, podría haber dicho que “no pudimos obtener nada de información del FBI” o incluso de parte de Mark Felt. Pero eso no habría sido correcto.

·Tener siempre en mente al lector y la convicción de que cuando somos honestos estamos sirviéndolos. Cuando estamos citando a alguien debemos asegurar que sus declaraciones estén publicadas en el debido contexto. No podemos hacer, como por ejemplo con las películas, sacar una frase que no describe toda la película. Tenemos que representar con justicia lo que esa persona quiso decir, sobre todo cuando estamos editando o recortando.

·Si lo que estamos utilizando es una cita de una respuesta a una pregunta que estamos haciendo, tal vez amerite que digamos al lector que la fuente está respondiendo a una pregunta.

·No utilicen las críticas maliciosas a una persona (en el Post por ejemplo no se puede decir, en base a una fuente anónima, cosas del tipo “tal señor es un pedófilo”).

·Nunca utilicen fuente anónima para dar color. Solo utilizar fuentes anónimas para información seria, dura.

·No dar nunca un nombre falso.

·Tampoco se le miente a una fuente: uno no pretende saber lo que no sabe ni ser lo que no es. Si usamos el verbo dijo es si lo escuchamos decirlo, el resto tenemos que decir de dónde viene la información citada. Lo que está entre comillas, debe ser exactamente lo que se dijo, no arreglamos las citas por razones gramaticales ni le sacamos malas palabras. A veces debemos resignar la cita textual. Por ejemplo: muchos jugadores de baseball hablan español, idioma en el que se puede usar presente para futuro o pasado reciente, y tal vez alguien que hable castellano use el inglés de esa manera y el inglés no es igual. En ese caso se dice lo que quiso decir cuando dijo lo entrecomillado. Pero a veces algunos prefieren usar la frase aunque está mal porque es importante para la historia. Cuando el vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, usó la palabra fuck, en el Washington Post la pusimos tal cual porque la estaba usando en referencia directa a un colega senador, en propio el recinto del Senado.

A modo de conclusión hasta aquí:

·SIEMPRE DIGAN LA VERDAD Y SEAN CLAROS ACERCA DE QUIÉN ES SU FUENTE. Los lectores tienen que poder tener la capacidad de entender lo que el periodista ve directamente y aquello que le vino por otro lado, por ejemplo por un cable

·No importa cuál sea la fuente, hay que indicar cuál fue la fuente.

·Produzcan tanto como puedan su propia información.

·Si no estaban allí, déjenlo bien claro.

·Si la fuente nos dio un documento se lo decimos al lector.

·Siempre den el crédito a las colaboraciones que pudieron tener de otros (una de las razones del despido otro periodista del NYT fue que mucho del trabajo que publicaba provenía de periodistas free lance de otras ciudades que le mandaban la información, él la firmaba y no daba el crédito: llegaba al extremo de tomar un avión hasta el lugar del hecho, escribía el artículo con la información de otro, lo firmaba y se iba.

Reglas generales del trabajo periodístico en el Washington Post:

Empiecen toda conversación con una fuente asumiendo que va a ser identificada, que todo lo que diga puede serle atribuido.

En el mundo del periodismo en Estados Unidos se utilizan ciertas definiciones para esto:

1.On background: se pude utilizar la información y se puede atribuir de manera más o menos por algunas generalidades a esa fuente. Cuando aceptamos esta forma, aunque no identificamos con nombre y apellido, podemos dar al lector la mayor información posible para evaluar de donde viene esa información. Si hay una historia con una fuente del Pentágono o del Departamento de Estado, dependencias que están en conflicto, no sirve de nada si digo fuente del gobierno.

2Deep background. es muy tramposa esta categoría. Es la que se utilizó en el caso de GP. La información la podés utilizar pero no contar cómo la obtuviste. Es muy difícil de utilizar a menos que tengas una segunda fuente.

3Off the record: es tonto para un periodista aceptar información off the record. Porque no puedes usarla, así que qué sentido tiene. Uno puede sentirse que sabe todo pero tu trabajo es que los demás sepan. Y en realidad es una herramienta de las fuentes astutas para impedir que publiques información. Porque no se puede usar ni siquiera para ir a otro lado a buscar más información. Entonces asegúrense que si se dice off es realmente off. Si siguen haciendo preguntas para aclarar las reglas de juego, probablemente descubran que sí se puede publicar algo de esa información pero sin acreditarla, que dijeron off the record pero que en realidad es on background.

¿Cómo el periódico cuida su propia conducta? ¿Cómo hace para evitar posibles conflictos de intereses?

– Siempre pagar los propios gastos

– No aceptar viajes gratis

– No aceptar regalos de las fuentes de información. Hay ciertas excepciones a la cuestión de los regalos. Si uno tiene relación frecuente con un funcionario y alguna vez la fuente quiere pagar por una cena que compartieron, eso puede ser inofensivo. Pero si este funcionario paga siempre, no es tan buena idea.

– No utilizar la condición de periodista para conseguir un tratamiento especial. Ni recibir comidas gratis, ni butacas para espectáculos gratis. Una excepción puede ser cuando se trate de un asiento que no se venderá al público, como en el caso de los espacios reservados para la prensa en un estadio. Pero, por ejemplo nuestro crítico de comida busca que no lo reconozcan como periodista y paga su cena.

– No pagar por información. Es una regla del Washington Post y de casi todo el periodismo serio en EEUU. Hay una buena razón para esto: si es difícil saber si una información es verdadera cuando te la dan gratis, mucho más difícil es saber si es verdadera cuando la fuente sabe lo que uno quiere escuchar y te lo quiere vender.

– El periodista del Washington Post no trabaja para nadie sin permiso del diario y no hace trabajo free lance. Tampoco puede hacer acuerdos para dar conferencias pagas. Por dos razones: no competimos con nosotros mismos, y uno se asegura de que la paga por la conferencia no sea un pago escondido por otra cosa. Si por ejemplo, cuando yo cubría el tema de la deuda externa en Latinoamérica hacía una conferencia para una asociación de bancos norteamericanos y la cobrara, se habría planteado un conflicto de intereses.

Si un periodista es invitado a un programa de televisión, debe pedir permiso a su diario. En EEUU los programas políticos se emiten los domingos a la mañana. En algunos casos invitan a un periodista para que haga la entrevista y en ese caso la cadena de TV le paga por su trabajo. Pero jamás se paga a un periodista por ir como invitado.

No trabajamos para nadie sin permiso del Washington Post. El Post te puede dar permiso para ciertas cosas, por ejemplo dar clases en universidades, pero jamás, por ejemplo, ser consultor de la Oficina de Relaciones Públicas de la Casa Blanca.

– Tenemos el mismo cuidado con nuestras vidas privadas y nos comportamos de manera en que no se generen situaciones que se conviertan en noticias. Evitamos involucrarnos en situaciones políticas, manifestaciones, cuestiones sociales, partidos políticos. Por ejemplo, no podemos participar en una marcha a favor o en contra del aborto. No podemos tener afiliación al partido demócrata o al o republicano.

Garganta Profunda: la más grande fuente en la historia del periodismo.

Si existe algún buen argumento para usar una fuente anónima, el mejor ejemplo es el de Garganta Profunda.

Más allá de las motivaciones que tenía, se trataba de una fuente de información que estuvo colaborando de manera consistente con la investigación de estos dos periodistas que contaban con una pluralidad de fuentes de información que provenían de diferentes sectores. Esto tenía que ver con delitos que estaban siendo cometidos por funcionarios de la gestión de Nixon y por personas que estaban trabajando en la campaña para la reelección. Yo no participé en la decisión de considerar beneficios de la de fuente anónima, pero si lo hubiese hecho, estas son las cosas que yo me hubiese preguntado:

¿Es la fuente creíble?

¿Es su temor a represalias real?

¿Nos está dando información fáctica, o en cambio es meramente una opinión?

¿Es la información lo suficientemente buena como para privar al lector la identidad de quien la está dando?

¿Es mejor dar la información no dando el nombre o es mejor no darla?

Para toda la información fáctica, ¿hubo otra fuente que la confirmó?

Las respuestas a estas preguntas fueron en todos los casos “sí”.

La sexta pregunta fue: ¿esta misma información se podía obtener de otra fuente, sin recurrir a una fuente anónima?

La respuesta fue “no”.

Una vez que todo esto fue respondido, se decidió usar la fuente anónima. Sin la ayuda de GP, que iba corroborando la investigación, el Post no habría podido seguir la historia del Watergate. Creo, como les decía si el Post no seguía de manera permanente y casi solitaria esta historia, lo más probable es que la historia hubiera muerto, que el sistema legal no la hubiera seguido, porque ahora sabemos que la administración Nixon hizo todo lo posible para esconder esta historia. Y esta es una de las razones por las que estoy orgulloso del Post. En un momento muy oscuro, en que Nixon estaba amenazando la propia existencia del Post, y cuando el diario no era lo sólido que es ahora, la señora Katherine Graham, su dueña, hizo una sola pregunta a Ben Bradley: ¿Estamos en lo correcto? Y Ben con su voz grave le dijo “sí”. Graham le replicó: “más vale que estemos en lo correcto”.

Hay otras lecciones que debemos extraer del caso:

En la mayoría de los casos las fuentes que quieren ser anónimas tienen motivos poco puros para darnos esa información. Y una de las cosas muy interesantes que Bob Woodward tiene en su libro es que aún hoy no está seguro de cuáles eran las verdaderas motivaciones de Mark Felt para dar esa información.

Hay ciertos hechos concretos. Él creía que iba a ser el director del FBI y finalmente pusieron a otra persona. Realmente él estaba asqueado de la conducta de algunos funcionarios de la administración Nixon. Y en tercer lugar él quería a proteger la cosa más corporativa del FBI y rechazaba los intentos de la administración Nixon de usar al FBI para su provecho. Y seguramente debió haber más motivos, que seguramente jamás conoceremos.

La otra lección importante.

Uno nunca sabe quién terminará siendo una fuente muy importante. Como periodistas tenemos que pensar siempre que cuando conocemos a alguien puede ser una potencial fuente. Bob conoció a Felt mucho antes de trabajar en el Washington Post. Él estaba en la Armada y era un courier que llevaba documentos secretos del Pentágono a la Casa Blanca, y muchas veces tenía que estar en una sala de espera por horas hasta que aparecía el funcionario correcto que firmara los documentos y los recibiera. Un día estaba sentado, esperando, Mark Felt, que en esos momentos tenía un puesto menos importante en el FMI.

Otra cuestión. Las motivaciones de una fuente usualmente son complejas. Pero ¿significa eso que la información no se debería publicar porque las motivaciones no son suficientemente puras? La mayoría de las fuentes de la información que recibimos, por ejemplo en el caso de un agente de inteligencia, usualmente vienen por motivaciones complicadas.

Mensaje de James Rowe

To My Friends and Colleagues in Argentina,

It is always a great pleasure and honor to meet and talk with you. Our perspectives are sometimes different. That allows us to learn from one another.

But our goal is the same: to produce the best journalism that we can. The creation of Fopea shows that.

I was pleasantly surprised and humbled by the large number of you who came to hear me in Buenos Aires and Posadas last month. Those of you who know me personally know that I have much interest in and affection for Argentina, so I hope to continue the dialog in future trips. I only wish Buenos Aires were not so far away from Washington.

Jim Rowe

James L. Rowe es licenciado en economía de la American Catholic University.

Actualmente es editor de la Early Sunday Edition del diario Washington Post, la edición dominical, que empezó a circular en julio de 2000 y es la única del medio que ha logrado crecer en sus ventas.

En sus 34 años de trabajo en el Post, ha sido redactor de asuntos económicos y corresponsal financiero en Nueva York, además de asistente de editor y editor nacional.

FacebookTwitterWhatsAppEmail

Envía tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *