viernes 25 de noviembre de 2016

Periodismo Cercan(d)o: La necesidad de volver a las fuentes

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El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) y la Fundación Konrad Adenauer proponen en el libro Periodismo Cercan(d)o una radiografía sobre la situación del periodismo actual en Argentina. Es un material escrito por más de 20 periodistas, socios de FOPEA y distribuidos en todo el territorio argentino.

Publicamos un nuevo capítulo del libro.

periodismocercanocercado

CAPÍTULO 8 – CORRIENTES

La necesidad de volver a las fuentes

Alfredo Zacarías (*)

La alta politización de la vida correntina, desde casi siempre, ha hecho, por ejemplo, que de los cinco diarios, cuatro hayan nacido como herramientas políticas, o de extorsión en algunos casos, en procura de sostener determinados proyectos sectoriales, y no como un medio de comunicación que tenga como objetivo informar y prestar servicios a la sociedad. No puede decirse que en Corrientes exista hoy un periodismo cercano a la objetividad y que exhiba como distintivo el mostrar todas las campanas de una misma historia. Las razones tienen que ver con una misma raíz. Los empresarios buscan hacer un “negocio” en el que el lector o el oyente no es una de las partes. Solo el empresario y los anunciantes, el sponsor, que en la mayoría de los casos es invariablemente el Estado, ya sea nacional, provincial o municipal; un “cliente” al que todos cuidan como la gallina de los huevos de oro más allá de toda circunstancia negativa. (A.Z.)

 

Una larga lista de actitudes y sucesos verificados en las últimas décadas han ido limando, socavando la calidad y credibilidad del periodismo de Corrientes. Lo que no quiere decir que no existan en esta provincia hombres y mujeres valiosos para la profesión de informar, que deben, sin embargo, a duras penas esquivar los males endémicos del arte, males que están directamente emparentados con los vicios de gran parte de la sociedad en su conjunto.

Habrá que comenzar por el origen, y para ello es necesario escarbar en la forma en que nacieron y siguen naciendo los medios periodísticos en una provincia que cuenta hoy con cinco diarios de circulación provincial, todos de Corrientes capital; uno solo en el interior, en Goya, la segunda ciudad de la provincia; más de doscientas cincuenta emisoras radiales y un solo canal de aire para todo el territorio provincial, además de señales de televisión satelital que son incorporadas a los videocables.

El medio como herramienta política y/o económica

La alta politización de la vida correntina, desde casi siempre, ha hecho, por ejemplo, que de los cinco diarios, cuatro hayan nacido como herramientas políticas, o de extorsión en algunos casos, en procura de sostener determinados proyectos sectoriales, y no como un medio de comunicación que tenga como objetivo informar y prestar servicios a la sociedad. De los cinco, solo uno está conducido íntegramente por periodistas; los demás, por empresarios cuya principal actividad es la ganadería y la política.

Los cinco diarios juntos, uno de ellos de circulación gratuita, ponen en la calle de lunes a viernes nada más que entre seis y siete mil ejemplares en una provincia de un millón de habitantes. O sea, menos del 1% de la población tiene acceso a los diarios locales. La cantidad de ejemplares desciende los días sábado y crece notablemente los domingos, pero convertidos en cuadernillos publicitarios con escaso material de lectura.

Algo similar sucede  con las emisoras radiales. Las menos están en manos de periodistas de raza o de gente que siempre desarrolló su actividad dentro de los medios de comunicación. La mayoría ni siquiera brinda informativos, y las que ofrecen una programación con contenido periodístico tienen una clara tendencia política. No puede decirse que en Corrientes exista hoy un periodismo cercano a la objetividad y que exhiba como distintivo el mostrar todas las campanas de una misma historia.

El mundo web muestra un panorama tan dramático como todo lo anterior. Más de trescientos portales de distintos puntos de la provincia, aunque la mayoría de la Capital, permiten leer las mismas noticias, casi siempre redactadas de idéntica manera, lo que desnuda el copy-paste como metodología y un nulo trabajo de investigación periodística o producción propia, con muy escasas y honrosas excepciones. Muchos de esos portales informativos muestran una pésima calidad periodística y gráfica, lo que deja a la luz también una escasa inversión de tiempo y recursos.

Solo las páginas web de los diarios de papel muestran un trabajo más sólido en lo periodístico y en la forma de presentar la información a un público que podría considerarse escaso si se tiene en cuenta, de acuerdo con las estadísticas, la poca cantidad de habitantes con acceso diario o permanente a internet.

Las razones tienen que ver con una misma raíz. Los empresarios buscan hacer un “negocio” en el que el lector o el oyente no es una de las partes. Solo el empresario y los anunciantes, el sponsor, que en la mayoría de los casos es invariablemente el Estado, ya sea nacional, provincial o municipal; un “cliente” al que todos cuidan como la gallina de los huevos de oro más allá de toda circunstancia negativa, algo que se termina por convertir en uno de los principales limitantes de la prensa.

Sostener los anunciantes a cualquier precio

En una provincia con una superpoblación de medios, una pelea salvaje por los anunciantes, cada vez más escasos por la situación económica y porque la media del empresariado local no entiende la publicidad como una inversión necesaria, hace que cada auspiciante, el Estado sobre todo de acuerdo con la tendencia de cada uno, sea valorado y cuidado a cualquier precio; y ese precio es la mayoría de las veces una información parcial o tergiversada y muchas veces hasta silenciada de manera grotesca e innecesaria.

En esa necesidad de sostener a cualquier precio a los anunciantes se puede ver una de las principales limitantes de los trabajadores de la prensa correntina. Trabajadores que terminan priorizando el no poner en riesgo su fuente laboral antes que cumplir con la labor periodística ideal o cercana a la ideal.

Las presiones políticas no dejan de ser un condimento más, aunque con una fuerte presencia, en el periodismo correntino. Muchos dirigentes políticos están más pendientes de lo que los medios dicen de ellos que de tomar contacto cara a cara con sus votantes o potenciales votantes. Incluso, muchos llegan al extremo de hacer sus campañas casi exclusivamente a través de los medios, a cuyos dueños o directivos y, algunas veces, periodistas, presionan para lograr los resultados que más les convengan.

Doble error: por un lado, el del medio, que termina cediendo a las presiones, dejando que la dirigencia política le maneje la agenda y no informando como corresponde y, por el otro, el del político, que cree que por lo que diga en un medio puede ganar una elección. En Corrientes se ha dado el caso de que ha perdido el candidato que tenía absolutamente comprados todos los medios periodísticos y ha ganado el que, por presión del primero, estaba censurado y sin acceso al 99% de los medios. Una lección de la que las dos partes deberían aprender.

Y si, además, falla la formación…

La falta de formación adecuada deja también una huella profunda en la situación actual del periodismo correntino. Solo dos carreras universitarias de periodismo se dictan en Corrientes. Ambas son de casi nula práctica profesional, lo que provoca el ingreso al campo laboral de muchos jóvenes que solo tienen un marco teórico y que, para colmo de males, tienen escaso campo laboral de calidad para adquirir la experiencia necesaria.

Las empresas le dan la espalda en su gran mayoría a la posibilidad de que sus periodistas se perfeccionen, hasta llegar al extremo de negarles permisos para concurrir a cursos, talleres o seminarios, aun cuando las erogaciones sean de los mismos periodistas. A la indiferencia empresarial por mejorar las condiciones profesionales de sus periodistas se debe sumar, lamentablemente, una cierta reticencia de muchos trabajadores a buscar alternativas de perfeccionamiento. Y las organizaciones que los deberían contener tampoco los alientan a buscarlas.

Se trata de recuperar la esencia

Corrientes, provincia generosa en materia de empresarios “periodísticos”, ha tenido algunos que plantearon sin ruborizarse la posibilidad, utópica por suerte, de hacer funcionar los diarios sin periodistas, de manera de reducir costos y ahorrarse posibles focos de conflictividad laboral. En esas manos están muchos de los medios correntinos.

Pobre futuro el que espera a la prensa correntina si no hay un cambio de mentalidad en ese sentido.

El periodismo correntino  tiene por delante un desafío gigantesco: recuperar la esencia de la tarea periodística. La falta de credibilidad, de rigor profesional, del intento por acercarse a la objetividad, de investigar, de buscar también las buenas noticias, de mostrar cómo cambia o evoluciona la sociedad, de informar desapasionadamente pero con pasión por lo que se hace, no son consecuencia solo de una formación universitaria con falencias y de trabajar luego rodeados de precariedad en medios totalmente condicionados.

No. Todo eso es, también, consecuencia de una gran cuota de falta de rebeldía, en el buen sentido de la palabra, a la hora de cumplir con un deber, que es el de informar a la sociedad convertida en lectores, oyentes o televidentes.

Esas carencias de las que hablamos son las banderas a recuperar por el periodismo correntino. Un periodismo que ha tenido un papel protagónico en muchos momentos de la vida de la provincia, pero que no ha sabido capitalizarlos para consolidarse en una herramienta realmente útil para la sociedad, informando y brindando servicios. Muy por el contrario, a fuerza de politización partidaria y mercantilización de la información, ha logrado perder su credibilidad.

Material humano para encarar esa etapa de transformación, de rebeldía, de cambio de mentalidad, existe. Dependerá de los propios periodistas encontrar los caminos para forzar el cambio. Desde las empresas, son muy débiles las señales a favor de brindar un mejor escenario a futuro. La sociedad, lectores, oyentes, televidentes, deberán convertirse en el fiscal que demande ese cambio, ya que serán, en definitiva, los principales beneficiados.

Precariedad educativa y de trabajo

Las universidades, públicas y privadas, no pueden quedar al margen de esa necesaria transformación. La práctica profesional, como el dictado de materias por periodistas con experiencia profesional real, es una demanda del momento. Resulta insólito observar a muchos egresados de las carreras ser incapaces de construir una nota periodística o distinguir cuál es la noticia de un determinado hecho. Algo está fallando también ahí.

La proliferación de los medios digitales más el auge de las redes sociales han provocado una inmediatez informativa tremenda. En YouTube, Twitter, Instagram o Facebook pueden verse hoy fotos, videos y hasta algunos comentarios de hechos casi en el momento mismo en que suceden.

Los avances tecnológicos que ponen, por ejemplo, en manos de un ciudadano común un celular de última tecnología, que le permite sacar fotos o filmar y subir de inmediato ese material a una red social o a un blog, convierten a cada ciudadano en un potencial periodista, pero no siempre con la capacidad necesaria para saber contar de la manera en que debe ser contada la historia que hay detrás de esa foto o de ese video.

Se hace muchas veces imposible, para quienes están en las redacciones, competir contra esa inmediatez, por muchos factores con un denominador común: la precariedad en la que los periodistas desarrollan sus tareas. Una precariedad que va mucho más allá del respeto o no a un convenio colectivo de trabajo o el ajuste o no de las empresas a las leyes laborales, un punto al que también habrá que dedicarle un párrafo.

Esa precariedad se trasluce en la falta de herramientas suficientes para encarar la tarea. Muchas veces, las redacciones no cuentan con equipamiento fotográfico adecuado o siquiera con líneas telefónicas o medios para movilizarse a un punto lejano. Ni hablar de la ausencia casi absoluta de corresponsalías en las ciudades más importantes del interior provincial, aun en los medios más grandes. Todo parece estar orientado a que no es redituable en una empresa periodística hacer un gasto para conseguir una noticia. Parece ser prioridad dedicar esos recursos al marketing o cuestiones administrativas.

La situación laboral de los periodistas es un limitante a la hora de analizar la calidad del producto que se ofrece. Es que difícilmente pueda ser de calidad el producto que presente un trabajador con un sueldo insuficiente, que sabe que fuera de las paredes del medio donde trabaja hay cientos de aspirantes a ocupar su puesto, muchas veces con un menor costo para las empresas, o que por esa situación de precariedad laboral que forzosamente se traduce también en económica, está forzado a trabajar en dos, tres o hasta cuatro lugares a la vez.

No son pocos los periodistas correntinos que, por ejemplo, por cuestiones de supervivencia, están forzados a cumplir funciones en las oficinas de prensa de la administración pública por la mañana y en la redacción de un diario, de un portal de noticias, en el estudio de una radio o un canal por la tarde. Otros reparten su tiempo entre sus trabajos formales y hacer prensa a políticos, gremios o instituciones. Todo produciendo una superposición de roles que flaco favor le hace a la calidad periodística de la región.

La lista de carencias es larga, y puede ser mucho mayor aún si nos ponemos a escarbar con mayor detenimiento. Su repaso nos debe servir para comenzar la búsqueda del camino que nos haga torcer el rumbo hacia la obtención de un mejor producto. Por ejemplo, que a la hora de enfrentar la inmediatez de la noticia por el avance tecnológico sepamos mostrar la otra cara de una información que, para cuando la reflejemos en una nota o en el noticiero de la noche, tal vez ya sea archiconocida gracias a las redes sociales.

El periodismo correntino cae generalmente en ese pecado de no ir por la otra cara de la información. Esa que el mismo ciudadano que retrató de manera espontánea un hecho no conoce, y seguramente no lo haga hasta que nosotros, los periodistas, por medio de la plataforma que sea, se lo contemos. Esa es otra de las grandes deudas a saldar en esta historia de mejorar la calidad de nuestro periodismo.

Periodismo de ética y estética

Este desafío de alcanzar la excelencia mediante un perfeccionamiento profesional, que hoy se muestra como una carencia del periodismo correntino, no va a alcanzar por sí solo para mejorar la calidad. Deberá estar acompañado de valores.

Fernando Savater nos dice que “el periodismo no es solamente una técnica. También es una ética y una estética. Es ética, técnica y estética de la transmisión de la verdad, de la revelación de la verdad”. Una excelente síntesis de lo que debe ser el periodismo. Muy, demasiado, alejado de lo que sucede en Corrientes.

Cuando un periodista informa bien, de manera lo más aproximada posible a la objetividad, haciendo oír todas las voces, dando visibilidad a temas que muchas veces pasan inadvertidos pero cuyo conocimiento es de importancia tal que produce cambios favorables en la sociedad, cuando no existe censura ni autocensura, cuando no se oculta cuáles son los pensamientos sobre un determinado tema, la principal beneficiada es la sociedad. Una sociedad bien informada es una sociedad más fuerte, más libre, más capaz de tomar las decisiones más adecuadas para su funcionamiento. Por eso, debe ser la sociedad misma la que nos demande, nos exija a los periodistas correntinos los cambios necesarios que nos devuelvan las banderas perdidas. Nada más ni nada menos que un retorno a las fuentes.

(*) Alfredo Zacarías – Corresponsal del diario Clarín en Corrientes y director del diario La República. Conductor y productor de programas de televisión. Fue director del diario Época de Corrientes y editor responsable de varios portales de noticias. Escribe para distintos medios de la Argentina y el exterior. Integró la comisión directiva de la Asociación de Periodistas de Corrientes. Actualmente integra la Comisión Directiva de FOPEA.

 

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