viernes 20 de noviembre de 2020

Ante declaraciones del embajador argentino en la OEA, FOPEA envió una carta al canciller Felipe Solá

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20 de noviembre de 2020

 

Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto
Felipe Solá
Señor ministro:

Nos dirigimos a usted para informarle que, a raíz de la declaración pública tras una reunión oficial del embajador argentino en la OEA, nuestra organización realizará un pedido formal al Relator de Libertad de Expresión para denunciar que nuestro gobierno, del que los embajadores son representantes, promueve una agenda de restricción a la libertad periodística que tiene similitudes importantes a las de los gobiernos autoritarios del mundo.

Con un discurso similar a las dictaduras, el embajador argentino se vanagloria de la “tolerancia” de un gobierno a las críticas como si fuera una novedad en la historia argentina donde, desde la recuperación democrática, todos los gobiernos han tenido como requisito democrático precisamente el estar abiertos a las críticas. Nos preocupa que se considere excesiva la libertad de expresión en nuestro país cuando para nosotros es insuficiente, dada la persistencia de limitaciones directas e indirectas al trabajo diario de los periodistas en muchos lugares del país. 

Más peligrosa aún suena su denuncia respecto de que los medios condicionan el accionar del poder Judicial. Al contrario, uno de los roles centrales de la prensa libre es investigar hechos de corrupción y exponerlos para que la ciudadanía pueda ejercer su derecho a estar informada.

Denunciar la corrupción no es condicionar, señor canciller. Es cumplir el mandato democrático de controlar la tarea de los funcionarios. Esto no forma parte de acciones aisladas del periodismo, sino nada menos que constituye la esencia de su rol público defendido constitucionalmente desde 1853 y ampliado en la reforma de 1994 con la protección del secreto de las fuentes. Investigar a un gobierno y dar espacio a las críticas no es un capricho de un medio periodístico sino un mandato constitucional que se aproxima a cumplir dos siglos de existencia.

Cuando el gobierno argentino, a través de su embajador, sugiere que las llamadas fake news son producidas por el periodismo profesional se instala en el campo discursivo de los autoritarismos de izquierda y derecha, donde Nicolás Maduro, Donald Trump, Daniel Ortega o Jair Bolsonaro se sentirían muy identificados con esta “agenda oficial” de libertad de expresión. Por el contrario, el periodismo profesional es la principal barrera que tiene que desarrollar una sociedad contra la desinformación, que sin duda es sobre todo promovida, precisamente, por aquellos grupos políticos autoritarios.

La incidencia de la pauta oficial es un problema con el que coincidimos señor canciller. Por eso promovemos que se sancione una Ley de Publicidad Oficial que termine con esa espada de Damocles sobre la prensa, en especial en ciudades pequeñas y medianas. Con respecto a la pauta privada, las líneas editoriales de los medios están en el ámbito de la libertad de expresión, y no corresponde juzgarlas como hace el gobierno argentino a través de su embajador. Habrá algunas líneas editoriales que le gusten más y otras menos. Eso se llama libertad de expresión.

Con respecto a la concentración de medios, como usted sabe canciller, el discurso está dirigido al cuestionamiento a los medios críticos, sin realmente importar una política de defensa de la competencia o del consumidor. Es el argumento que es funcional para atacar a medios considerados opositores.

Quizás lo más grave sea la amenaza que el gobierno argentino, a través de su embajador, realizó a la Relatoría de Libertad de Expresión con su mención a “cuanto incide la disminución del financiamiento estatal a expensas del financiamiento de organizaciones privadas”. Expresa abiertamente que su agenda está condicionada y que el trabajo de los relatores no respondería a una agenda genuina, sino inducida por sus financiadores. Nada más coherente con la práctica de los autoritarismos que el intento de deslegitimar las instituciones que los controlan, en este caso la Relatoría. No es original este intento del gobierno argentino, pues ya ha habido intentos previos de gobiernos autoritarios de la región.

Nada de esta “agenda” es novedoso. Todo forma parte como dijimos de los argumentos comunes de los autoritarismos en todo el mundo. Nuestro gobierno es democrático, por lo tanto, esperamos que sus actitudes oficiales internacionales sean coherentes con ese mandato popular.

Le solicitamos una reunión para expresarle nuestra inquietud ante esta manifestación oficial y poder escuchar sus consideraciones sobre lo aquí expresado.

                                             

Fernando Ruiz                                               Paula Moreno Román

Presidente                                                                 Vicepresidenta

 

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