En vista de los innumerables e insoslayables escándalos mediales de América Latina, el debate sobre la calidad profesional de la transmisión de información pasa a segundo plano.
La realidad de esta región es variopinta: los periodistas de Colombia deben protegerse contra amenazas de muerte, unos pocos propietarios de medios en Guatemala o El Salvador determinan la línea política, y más de un responsable de los diversos canales televisivos peruanos huye al extranjero ante acusaciones de soborno. Ante estas exigencias, los estándares mundialmente obligatorios de un periodismo sólido y responsable – que sin duda se conocen también en América Latina – pierden importancia.