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Por Fernando J. Ruiz

Las nuevas fronteras del monitoreo en América Latina

Presentación en el primer encuentro de corresponsales del Programa Monitoreo de la Libertad de Expresión, FOPEA, 14 de agosto del 2009

14 de agosto de 2009

Los monitoreos en América Latina han crecido y mejorado en los últimos años. A medida que se han ido conformando en prácticamente todos los países organizaciones que asumen la defensa del periodismo, también fueron compartiendo experiencias para perfeccionar los sistemas de alerta y evaluación de las situaciones más riesgosas.

La situación es muy desigual. Algunos países como Colombia y Perú tienen un monitoreo consolidado y efectivo, mientras que otros como Brasil y México, a pesar de la cantidad de agresiones recibidas, todavía está intentando fortalecer su monitoreo.

Las organizaciones internacionales y regionales de referencia como el CPJ, RSF, la SIP y el IPYS, también han contribuido a una mayor calidad en las prácticas, así como la red internacional IFEX.

Pero todavía falta algo. Existe la impresión de que la libertad periodística tiene más obstáculos en la región que los que aparecen en nuestros informes de monitoreo. Que somos capaces de cubrir con bastante eficacia algunos episodios, pero que grandes obstáculos para la autonomía de los periodistas están invisibilizados en nuestros sistemas de protección y defensa. Es decir, somos eficaces para denunciar a un policía que en una provincia agrede a un periodista, pero muy lentos para alertar sobre un mega-anunciante que tiene la capacidad de silenciar por completo un tema de relevancia pública, o sobre un monopolio mediático que recorta arbitrariamente la realidad de esa comunidad.

Por eso queremos abrir un debate aquí sobre hacía dónde pueden ir los monitoreos para asegurar lo ya alcanzando y, a su vez, avanzar hacia una nueva frontera. Para eso proponemos nuevos desafíos para una nueva generación de monitoreos en América Latina.

(1) Desnaturalizar. El primer y gran limitante para el actual sistema de monitoreo es que existe en muchas zonas de América Latina la presunción de que la realidad periodística es muy poco modificable y, por lo tanto, está naturalizada una situación donde los periodistas, por factores estructurales, tienen y tendrán muy poca libertad periodística. Si no consideramos que la situación periodística se puede cambiar, no tenemos un horizonte de cambio. Por eso, las organizaciones que promueven el periodismo deben inyectar esperanza en la comunidad periodística de cada zona. Por supuesto, los límites son siempre la defensa del trabajo periodístico. No se trata de poner en riesgo la fuente de trabajo por forzar el cambio periodístico en esa comunidad.

(2) Nacionalizar. Hay que terminar con las sombras geográficas del monitoreo. El desarrollo de nuestra red de monitores debe poder cubrir todas las zonas de cada país. En general las zonas de peor calidad democrática de los distintos países suelen tener un monitoreo menos presente, y no emitimos alertas o informes desde allí pues desconocemos lo que ocurre. Incluso hay zonas en las grandes megalópolis que a veces quedan fuera de las luces de los alertas.

(3) Fortalecer la red de monitores. Se trata de generar una conciencia de trabajo en equipo donde se compartan las experiencias de los responsables de monitorear las diferentes zonas de un país. Jornadas de capacitación en común, intercambio permanente de experiencias, y eficaz coordinación desde los responsables principales del monitoreo, permiten que la red se fortalezca y vaya mejorando su cobertura nacional.

(4) Incorporar censura interna. Tanto en los medios privados como en los públicos existen muchas veces fuertes prácticas de censura interna que afectan la libertad periodística. Se trata de seguir afinando el análisis para poder distinguir mejor entre censura interna, criterio periodístico y línea editorial de un medio.

(5) Monitoreo de mega-anunciantes. En muchas ciudades han anunciantes muy poderosos que tienen la capacidad de sacar de la agenda temas de relevancia pública. A veces también son agencias de publicidad que controlan la pauta de las grandes empresas y por eso tienen un enorme poder de coerción sobre los medios de comunicación. En otros casos, pueden ser agencias de publicidad o consultoras que fueron subcontratadas por el estado para distribuir la publicidad oficial. Los monitores tienen que ir desarrollando la capacidad de dar visibilidad a esos obstáculos a la libertad periodística, que hasta ahora no aparecen en nuestros monitoreos.

(6) Monitoreo de abuso de posición dominante. En los mercados periodísticos siempre hay actores más grandes que otros, que tienen una posición de mayor influencia que otros. Pero a veces los grandes actores mediáticos pueden tener prácticas abusivas que limitan el desarrollo periodístico, tanto en su interior como hacia otros medios de comunicación.

(7) Monitorear los silencios informativos. Siempre se ha dicho que es muy difícil evaluar la censura interna en un mercado periodístico, pero existe un mecanismo posible que es monitorear los temas de interés público que se quedan afuera de la agenda. Es posible visibilizar estos temas mediante una encuesta periódica a los periodistas en la que se les pregunta sobre los temas, o aspectos de un tema, de interés público que ellos no pudieron informar. (Un modelo útil es el de Project Censored).

(8) Señalar zonas sin cobertura mediática. Existen muchas zonas de América Latina que no tienen los mínimos medios para poder estar informados. La precariedad e inestabilidad de las señales de radio y televisión que llegan desde los centros o la dificultad de recibir información en el propio lenguaje, limitan el desarrollo periodístico. Los monitores deberían ser capaces de alertar sobre esos vacíos.

(9) Monitorear la autoridad regulatoria. En el campo de la radio y la televisión, el principal peligro para la libertad periodística es la calidad y la legalidad con la que actúa la autoridad regulatoria del sector para conceder, gestionar o retirar las licencias. Es por eso que, a nivel federal y también local, es clave sacar de la opacidad el funcionamiento de estas autoridades regulatorias, tan decisivas para el desarrollo del periodismo en la radio y la televisión.

(10) Programa impunidad. La SIP desarrolló un muy buen programa de revisación y seguimiento de grandes agresiones a la libertad periodística, y es una iniciativa que debería ser replicada en las diferentes organizaciones nacionales. No olvidar los casos después de la conmoción inicial, es muy bueno para combatir las características estructurales de la impunidad, pero también para conocer mejor los patrones de funcionamiento de los agresores. Permite también ir desarrollando, por ejemplo, una relación mucho más estrecha con el Poder Judicial en la que se pueden ir conociendo mejor las prácticas judiciales.

(11) Informes nacionales. Se trata de elaborar informes nacionales sobre temas que vayan surgiendo desde las distintas zonas monitoreadas que no estén suficientemente conocidos (libertad periodística en medios estatales, prácticas extorsivos de grandes anunciantes, monopolios mediáticos, rol de agencias de publicidad, etc.).

(12) Nuevas formas de financiamiento. Los monitoreos de América Latina tienen una gran dependencia de algunos pocos donantes internacionales, cuyas prioridades pueden cambiar y afectar seriamente su continuidad. Dado que los monitoreos se están convirtiendo en el sistema de defensa vital para el funcionamiento del periodismo, hay que encontrar formas más estables para poder sustentarlo desde el punto de vista económico.

(13) Monitorear al monitoreo. En la medida en que podemos colocar en Internet mapas de cada país con toda la información que el monitoreo va generando para cada zona, podremos recibir los aportes, los nuevos casos, las objeciones, y todos los comentarios que nos van a servir para mantener actualizado nuestro sistema.

Fernando J. Ruiz es Profesor de Periodismo y Democracia de la Universidad Austral. Miembro de la Comisión Directiva de FOPEA


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