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El intendente de San Pedro de Jujuy pidió un informe sobre el contrato de un periodista


Por Fernando J. Ruiz

Hacia una agenda integral de la libertad periodística

Presentación en la Conferencia “Libertad de expresión más allá de las fronteras. La situación regional. Los casos de Argentina, Brasil, Chile y Paraguay". 7 de abril del 2010, Buenos Aires.

7 de abril de 2010

Este documento pretende promover la discusión sobre una visión más abarcativa de la libertad de prensa en Argentina. Es un fruto de las actividades e inquietudes que viene desplegando FOPEA desde hace varios años para contribuir a la mejora del periodismo y entre estas lecciones de la vida cotidiana de la organización se encuentra el monitoreo, que intenta proteger al periodismo local desde Jujuy a Tierra del Fuego. Para la recolección de información publicada en este informe, trabajó la red completa de monitores coordinados por Mónica Baumgratz. Por lo tanto, si bien este documento tiene un responsable final, su inspiración proviene más bien del pensamiento colectivo y en movimiento de una organización con presencia nacional.

El monitoreo de FOPEA se ha consolidado en estos últimos años y está en todas las provincias siendo cada vez más el referente principal en el país. Durante el 2009 se analizaron 147 casos, de los cuáles la enorme mayoría correspondía a agresiones directas. Pero en este documento no vamos a profundizar sobre lo que ya está funcionando bien, sino sobre lo que nos parece que nos falta todavía desarrollar.

Para esto, elaboramos un cuestionario con Andrés D’Alessandro y Mónica Baumgratz con el cual poder hacer una radiografía de las actuales limitaciones geográficas y conceptuales del monitoreo. Lo respondieron veintitrés monitores en sus respectivas provincias por lo que podemos ofrecer ahora información fresca y muy local sobre el estado de situación de esta herramienta clave de Fopea.

Los sistemas de monitoreo cumplen, por lo menos, cinco funciones:

(1) Función defensiva. Intenta fortalecer la posición de las víctimas para defenderlas en su resistencia.

(2) Función reparadora. Se intenta reparar el daño realizado contra la libertad periodística mediante la alerta y/o la denuncia.

(3) Función preventiva. Alertar a los actores que potencialmente pueden afectar la libertad periodística que su reputación pública puede ser afectada.

(4) Función docente. Permite hacer la radiografía del mapa de limitaciones que tiene la libertad periodística y analizar sus problemas principales. También permite que los medios, los periodistas, y la sociedad en general, conozcan mejor sus derechos.

(5) Función concientizadora. Visibiliza esos obstáculos a los propios periodistas, quienes muchas veces naturalizan esas barreras y de esa forma contribuyen a sostenerlas. Esta es una de las funciones claves del monitoreo: desnaturalizar. De esa forma se puede contar con la fuerza de los periodistas de cada provincia para poder enfrentar esas barreras, visibles o invisibles, pero constantes, a la libertad de desarrollar su trabajo. Es habitual en el monitoreo que los periodistas no denuncien determinadas situaciones por considerarlas inmodificables por haber existido siempre.

EL PLANTEO CONCEPTUAL

Nuestra principal herramienta para defender la libertad periodística hasta ahora es el monitoreo, pero debemos ampliarlo y complementarlo con otras iniciativas para poder sostener este enfoque conceptual más amplio.

Nuestra función consiste en contribuir a hacer cada vez más amplio el criterio de noticiabilidad, o a evitar que se reduzcan sus márgenes. Los actores con recursos violentos, las presiones políticas, económicas y sociales, las ideologías, las rutinas periodísticas e incluso variantes de la propia autocensura del periodista, son todos filtros que reducen la noticiabilidad.

La noticiabilidad se va construyendo en un conjunto de interacciones entre varios actores externos e internos al medio. Cualquiera de esas interacciones puede matar una noticia de gran interés público, y así la ciudadanía se pierde esa información.

Por eso en Fopea debemos ir ajustando nuestra visión conceptual y los procedimientos para visibilizar lo más posible todas esas interacciones que limitan la noticiabilidad, y así poder liberar esa información sensible atrapada en esos controles generalmente invisibles.

PIRÁMIDE DE GESTIÓN Y CONTROL DE LA INFORMACIÓN

En nuestro análisis hay cuatro niveles de gestión y control de la información en el interior de un medio: dueños, directivos, editores y periodistas. A partir de diferentes relaciones que establecen con el entorno exterior, cada nivel construye una red de relaciones que condiciona su criterio de noticiabilidad. Como si fueran muñecas rusas, cada nivel en el interior del medio va limitando un poco más la noticiabilidad hasta que finalmente ese medio de comunicación produce su mensaje.

El entorno exterior está formado por actores políticos, económicos y sociales que intentan influir sobre la producción periodística. Son actores que incluyen desde los poderes políticos y económicos más influyentes, a una cada vez más amplia y sofisticada red de comunicadores institucionales, fuentes informativas de distinta jerarquía distribuidas por toda la sociedad, hasta difusas concepciones de la audiencia y concepciones ideológicas que condicionan la noticiabilidad periodística.

Todo ese magma de influencias es procesado por cada nivel de la pirámide de gestión y control, que internaliza esas demandas del entorno externo y luego se confronta en el interior del medio de comunicación, para finalmente producir una resultante que constituye la oferta periodística de este medio.

La relación entre los cuatro niveles de gestión y control depende de cada medio de comunicación y de cada circunstancia histórica, pero en todos los medios se produce una interacción entre ellos que da finalmente un determinado producto periodístico.

En general, esta pirámide es invertida, pues el mayor poder se encuentra en el nivel 1 (dueños) y el menor poder en el nivel 4 (periodistas), pero eso también puede variar en cada medio y en cada circunstancia. Hay momentos históricos en el que los niveles superiores conceden casi total autonomía a su redacción, y otros en los que esa autonomía se reduce mucho.

(1) DUEÑOS Y DIRECTIVOS DE MEDIOS

El primer y segundo nivel de control es el de los dueños y directivos de los medios, que muchas veces establecen relaciones políticas y económicas con el poder político y económico, y eso define la primera frontera de la libertad periodística. En Argentina, las relaciones económicas van desde fondos directos a través de publicidad oficial o de la banca pública, hasta la concesión de negocios en otros rubros a los directivos de los medios, como empresas constructoras, provisión de medicamentos, organización de eventos musicales, trabajos de imprenta electoral, etcétera. En general, cuando desde la cúpula del medio se definen líneas editoriales muy marcadas queda muy poco espacio para una noticiabilidad amplia.

Hay un ejercicio pendiente que consiste en analizar la diferencia entre censura interna, línea editorial y criterio periodístico. No es fácil precisar los límites, pero existe una distinción entre esos tres elementos que, en la medida en que se conceptualice mejor, será muy útil poner a disposición de los profesionales. La línea editorial y el criterio periodístico forman parte de los derechos de los directivos y editores de un medio de comunicación. Pero hay algunos casos en los que es legítimo argumentar que hay censura interna, que excede el ámbito de una legítima decisión editorial y periodística, y que nos indicaría que estamos frente a un eventual caso de censura. Este es el caso, por ejemplo, en que un medio de comunicación, que sostiene que pretende hacer periodismo de calidad, conoce información decisiva para entender un tema de gran interés público y no se la ofrece a la comunidad. En muchos medios argentinos privados y estatales esta práctica es generalizada y hasta ahora nuestro monitoreo no da cuenta en esto. Por este y otros temas, es necesario ir mejorando nuestra conceptualización del monitoreo para poder liberar esas informaciones, perspectivas o temas que quedan fuera de la agenda.

En el análisis de nuestros monitores surge una enorme cantidad de situaciones en los cuáles los directivos establecen un corralito muy estrecho. Varios medios grandes y chicos, enfrascados en batallas políticas, estrechan notablemente la libertad de la redacción. En el Gran Buenos Aires, la mayoría de los medios está al servicio de las estructuras de poder político local pero, generalmente, sin propiedad directa de algún político. La propiedad directa de medios de comunicación por parte de los políticos existe, pero no es un modelo tan extendido como en otros países, como por ejemplo Brasil. También hay sistemas de medios casi totalmente controlados por políticos, como ocurre en Jujuy, o en San Luis. La novedad sería que la propiedad directa de medios por parte de los políticos estaría creciendo.

Las radios AM en Santa Fe, Neuquén y Entre Ríos, y la prensa gráfica en Catamarca y Santiago del Estero, son ejemplos de medios con poca libertad periodística, según nuestros monitores. A estos se suman lógicamente los medios que incuba la política –la mayoría ahora digitales y algunos de papel y gratuitos- y los programas de radio y televisión pensados para incorporarse a la maquinaria propagandística de algún interés político particular. Hay medios que se convierten en voceros electorales, como en el caso de Corrientes, y diarios en la mayor parte de las provincias que están al servicio manifiesto de un interés político o económico. Santa Cruz es un caso notable de creación de medios de comunicación que son solventados por la publicidad oficial, y en una provincia de la Mesopotamia un multimedio nuevo se quedaría con más de la mitad de la pauta publicitaria provincial total.

En el caso de los medios estatales, estos están casi todos al servicio de la propaganda oficial, como ocurre en La Rioja, Río Negro, La Pampa, Misiones, Tucumán, Neuquén, Chubut y Entre Ríos. Existen por supuesto islas de calidad en estos medios estatales pero suelen durar solamente mientras sobrevive el poder ocasional de algún funcionario.

Las relaciones de censura y de propaganda que se pueden establecer entre el entorno exterior y la cúpula empresarial de los medios son a veces voluntarias y a veces no tanto, pero el efecto es el mismo: la noticiabilidad en ese medio se restringe severamente.

Aquí queremos visibilizar cinco elementos que deben incorporarse a nuestra visión de la libertad periodística:

(1) Publicidad oficial. La relación que los dueños y directivos mantienen con la pauta oficial en su comunidad es un factor esencial en la delimitación del corralito de noticiabilidad que hacen en su redacción. Es verdad también que en muchas comunidades del país la forma más estable y duradera de hacer sustentable un medio proviene de los fondos públicos. La publicidad oficial tiene esa doble faz de control y subsidio que es necesario analizar y reglamentar más finamente.

(2) Agentes de concentración publicitaria. El poder de fijación de agenda de un anunciante está directamente relacionado con la dependencia económica que genera para la sustentabilidad del medio. Y hay un factor clave en el país que facilita esta relación de censura y propaganda. En varias plazas, la concentración publicitaria es un mecanismo de coerción tanto por parte de empresas como de funcionarios. Cuando una agencia de publicidad controla una gran cartera de anunciantes tiene el poder de inducir la censura de los medios. Agencias de este tipo existen, por lo menos, en Bahía Blanca, Corrientes, San Luis, Chaco y Entre Ríos. En algunas de estas provincias, el estado subcontrata estas agencias para coordinar parte de su gasto publicitario. Un empresario muerto en octubre de 2009 en Corrientes gestionaba una de estas agencias.

(3) Mega-anunciantes. Las cámaras y empresas privadas son también un actor con los cuáles dueños y directivos de medios establecen relaciones políticas y económicas que pueden afectar la calidad de la agenda informativa. Nuestros monitores indicaron a las petroleras en varias provincias patagónicas, empresas de colectivos en Entre Ríos, hoteles en Mendoza, mineras en el Noroeste y Cuyo, tanineras en el Chaco, casinos en La Pampa y provincias del sur, pesqueras en Chubut, exportadoras de frutas en el valle del Río Negro, celulosas de papel en Misiones, tabacaleras en Misiones y Jujuy, y diversos concesionarias de servicios públicos clave en varias ciudades. En algunas provincias como Santa Fe también fueron señaladas organizaciones sindicales que presionan a la prensa con su gasto publicitario.

(4) El comportamiento empresarial de un medio puede limitar el desarrollo periodístico en esa comunidad si realiza algún tipo de práctica de abuso de posición dominante. En otras industrias hay más experiencia en el país en el análisis de estos abusos, pero en el campo de los medios está creciendo. En general, los medios más poderosos de cada zona suelen ningunear a los más pequeños, por ejemplo, en las primicias informativas que estos pueden obtener. En una provincia las radios AM presionaron al gobierno para que no paute en las FM si estas no tienen aprobación de la autoridad regulatoria. En otra provincia, un grupo periodístico muy importante obligaría a funcionarios, jueces y legisladores a que les informen exclusivamente a ellos. Hay varias comunidades donde solo hay una AM o un solo cable, y curiosamente no puede lograr su aprobación ningún otro operador. Pero en la mayoría de las provincias nuestros monitores no detectan prácticas de abuso dominante por parte de algún medio poderoso u ofrecen comentarios creíbles pero poco fundamentados. Debemos estudiar más a fondo estas prácticas para aprender a visibilizarlas donde efectivamente existen. En la medida en que el desarrollo de los medios está muy limitado es más posible que se produzcan situaciones de concentración que afecten la calidad de la agenda.

(5) La autoridad regulatoria es también un factor importante dado que los empresarios de radio y televisión dependen de la negociación para obtener y conservar sus licencias. Varios monitores señalaron prácticas restrictivas de la autoridad regulatoria. Hay muchas emisoras que viven una incertidumbre sobre su continuidad que termina funcionando como una presión sobre su agenda periodística; y hay también procesos de inspección, multas o cierres como represalia por parte de las autoridades locales. Nuestros monitores también tienen que ir desarrollando la pericia necesaria para monitorear la actuación de la autoridad regulatoria en cada comunidad.

(2) EDITORES Y PERIODISTAS

El tercer y cuarto nivel de control en el interior de los medios tiene que ver con los editores y los periodistas. Los periodistas en sus medios perciben claramente el clima de lo que es noticiable y lo qué no. Por la línea editorial expresada en un medio, por la ideología, por la tradición que existe en cada redacción sobre los límites de lo que se puede decir y lo que no, y por señales diversas que se emiten desde la cúpula, se va conformando un corralito de noticiabilidad en el interior del cual editores y periodistas realizan su trabajo.

Los periodistas perciben señales de censura desde la cúpula, generalmente ambiguas, y eso genera un efecto de ampliación hacia la base de la redacción. Ese conjunto de señales va construyendo un clima de redacción, que no suele ser muy necesario explicitarlo, que funciona como un corset para determinados temas. Por ejemplo, cuando los periodistas perciben que su sueldo lo paga la publicidad oficial, es posible que ellos mismos se cuiden de no afectar la llegada de ese flujo de dinero. Y en algunos casos hasta puede ocurrir que sean más precavidos con el tratamiento de determinada información que lo que serían los propios directivos.

Pero a ese corralito establecido por los dueños y directivos, en Argentina hay que agregar que muchos editores y periodistas también establecen relaciones de censura y de propaganda con poderes políticos y económicos. Por lo tanto, hay una construcción de nuevos corralitos en el interior del primer corralito diseñado por los directivos. En este nuevo corralito, son algunos editores, o incluso periodistas, los que configuran sus propias relaciones políticas y económicas con el entorno exterior al medio, y así se estrechan aún más los límites de lo noticiable.

De acuerdo a varios de nuestros monitores, esta es una práctica conocida y aceptada por jefes y dueños de medios y por el periodismo en general. Como mucho, por ejemplo, el pedido de los superiores a estos periodistas es que “no se excedan” en la publicación de notas favorables a determinado candidato.

Nuestros monitores han reseñado varios distritos donde los periodistas reciben la publicidad oficial y privada en forma directa, ya sea a través de programas propios, a través de un pago directo sin contrapartida publicitaria (aunque sí periodística), o a través de un cargo en alguna dependencia estatal. A veces también se trata de la contratación de familiares o la cesión de viviendas. Es habitual por otro lado que cámaras empresarias o empresas importantes de la zona contraten periodistas relevantes para producir algún material informativo, o para que los asesoren en la relación con la prensa y su imagen. En provincias como Chaco, Corrientes y Chubut, los monitores sostienen que la distribución de dinero entre periodistas es una práctica común.

Hay dos factores decisivos que se suman, en este nivel de editores y periodistas, para limitar la información difundida a los ciudadanos:

(a) Bloqueo a las fuentes informativas. Otro de los campos donde posiblemente el monitoreo deba ingresar es la libertad de expresión de las fuentes informativas. Hay numerosos casos donde en forma arbitraria se silencia a personas que tienen información de bien público y se los calla para proteger a algún poder establecido. Hace poco tiempo, en la provincia de Santa Cruz, una empleada municipal fue sancionada por hacer una denuncia en una radio sobre el mal estado de los baños de una escuela. Es frecuente en temas sanitarios en todo el país la restricción de hablar con los medios a los empleados de los hospitales, no por razones preventivas, sino por evitar difundir situaciones críticas. La calidad de la información, todos lo sabemos, también depende de la protección de las fuentes.

(b) Las audiencias. Las audiencias en varios casos también suelen reforzar la censura interna. En el conflicto entre el gobierno y el campo muchos medios se sintieron presionados para acompañar el reclamo social a favor del campo; lo mismo con otras actividades productivas de las que la comunidad es muy dependiente. Esas empresas generan muchos puestos de trabajo y eso también presiona a la agenda y a los periodistas. Se genera un clima de benevolencia y protección con el emprendimiento empresario que representa un actor privado clave del desarrollo de esa comunidad.

SOMBRAS GEOGRÁFICAS DEL MONITOREO

Tenemos que avanzar también sobre las sombras geográficas del monitoreo y para eso debemos revisar nuestros vacíos. En general, son dos tipos de zonas las que tienen un monitoreo de baja intensidad: las zonas rurales y las zonas que tienen muy baja calidad democrática (zonas muy pobres en las grandes ciudades, departamentos de muy poco desarrollo en el interior de las provincias, etcétera). Esas zonas están invisibilizadas en nuestro monitoreo porque prácticamente no hay actividad periodística, o si la hay no alcanzan a tener la capacidad de alertar sobre lo que está pasando.

Nuestros monitores señalan los siguientes como lugares donde existen dificultades para llevar a cabo el monitoreo: en el Gran Buenos Aires, el monitoreo tiene muy poca intensidad, excepto en la zona sur y las zonas cercanas a Florencio Varela, por lo tanto falta cubrir mejor el oeste y el norte; en el norte de la provincia de Neuquén, Feliciano y otras localidades en el norte de Entre Ríos; la zona oeste de Catamarca; el noroeste del Chaco; localidades de La Rioja alejadas de la capital, como Chepe al sur o Vinchina al norte; las poblaciones de menos de dos mil habitantes en Santiago del Estero, donde no hay servicios básicos, como señal de celular o Internet; la zona de Caleta Olivia, Pico Truncado, Las Heras y Los Antiguos en Santa Cruz; el oeste de La Pampa; el noreste en Misiones, sobre todo los departamentos de 25 de Mayo, San Pedro, General Belgrano y Guaraní; en Santa Fe sería bueno desdoblar el monitoreo en las ciudades de Santa Fe, cubriendo el norte provincial, y Rosario, abarcando el sur.

CONCLUSIÓN

La consecuencia de esta superposición de censuras es la organización de cierto silencio estructural sobre algunos temas o perspectivas, que son esenciales para la comunidad. Preguntados nuestros monitores sobre qué temas percibían ellos que se quedaban afuera de la agenda, los más mencionados fueron:

* Corrupción política
* Problemas ecológicos producidos por las empresas
* Comercio de drogas

El objetivo de la acción de FOPEA es que estos tres temas y los otros que puedan surgir en el futuro lleguen a la agenda en forma sostenida y profesional en todas las provincias argentinas. Por eso, es necesario seguir trabajando para poder hacer visibles las diferentes formas de censurar la información. Todos los actores del proceso informativo son también potenciales censuradores, por lo tanto hay que analizar en qué medida cada actor contribuye o no al bloqueo de información sensible de interés público.


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